AUTOR

En un lugar de Cataluña, cuyo nombre siempre recordaré, no ha mucho tiempo nació un muchacho de los de pluma en mano, papiro tradicional, carro blanco y con motor. Una obra de rimas, más que de prosa, amante del día y cansado por la noche por tantos duelos y quebrantos. Los lunes madruga, los viernes descansa y algún que otro sábado se levanta de la cama.

Ansía la vida bien vivida y no entiende el footing callejero pues piensa que cuando uno va, va a donde tiene que ir y no gasta energías absurdamente corriendo en círculos. Con fecha de emisión del 1994 y fecha de caducidad aún por descubrir, quiera Dios que aún falte, se enzarza en pos de aquello que le suscite algún interés y, sabe Dios, pocas son las cosas que puedan ofrecerle.

Amigo de sus amigos, entiende al amor como Montagne lo describió junto a su gran íntimo La Boétie: “porque él era él y yo era yo”.  Tiene en su humilde morada lo mismo que lleva en su corazón, una gran familia, y entiéndase de todas las formas posibles puesto que está compuesta de ocho miembros, cada cual más noble y apuesto que el anterior siendo éste el tercero de entre los hijos y el quinto de entre el total.

Cuelgan de sus hombros más de dos décadas, once en cada uno, es de complexión esquelética, cual el flaco de Úbeda, de piel mortecina y de rostro más bien chupado. Lento madrugador y en lucha constante contra su persona. Algunos le apelan poeta, otros  Roca o similares, pero sus verdaderos amigos por su nombre de bautismo: Francisco Javier Roca Ticó y valga la traducción en todas las lenguas pues en todas lo entenderá menos en Chino, Sánscrito y Esperanto, sin embargo, por comprensibles conjeturas deja entender que se llama Xavi.

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