LA BIBLIOTECA DE BABEL

‘Si daban con el libro adecuado, les explicaba, podían predecir el futuro e incluso conocer sus propios destinos.’

Estimados lectores,

Acabo de terminar de escribir un cuento llamado que lleva por título ‘La Biblioteca de Babel’ y me gustaría compartirlo con vosotros. Muchos sabréis perfectamente a qué gran escritor remite el mismo título y todo el cuento gira entorno a lo que el autor argentino describió como una biblioteca ‘infinita’.

Espero que la lectura sea de vuestro agrado y aprovecho para desearos a todos un buen verano.

LA BIBLIOTECA DE BABEL(Dando ‘clic’ en el título os conducirá hasta el archivo WORD)

La Biblioteca de Babel (Dando ‘clic’ en el título os conducirá hasta el archivo PDF)

Aprovecho para dedicar esta breve narración a todos los profesores que me han abierto un volumen de la Biblioteca, empezando por mis padres y familiares, profesores del colegio, amigos y amigas y tantas otras personas que han aportado grandes experiencias en mi vida. Muchas gracias a todos. 

También podéis leer la entrada a continuación:

LA BIBLIOTECA DE BABEL

Entraban unos jóvenes alborotados al salón histórico del que tanto habían escuchado hablar. En la columna estriada que les quedaba enfrente había dibujado un viejo cartel que indicaba que en aquel lugar debían guardar silencio. El primero de los muchachos que se percató empezó a anunciarles a sus compañeros que callaran con un sutil gesto. En ese momento un hombre que se encontraba detrás de un mostrador se levantó y les observó a través de sus quevedos. El hombre, ya de una edad avanzada y con una cabellera pobre y repeinada hacia atrás, se dirigió hacia ellos.

—Tranquilos, jóvenes. Podéis hablar sin inquietaros. Hace tiempo que nadie pisa este edificio y no hay nadie a quien podáis molestar.

Los jóvenes se interesaron por aquel hombre y devolviéndole la atención se dirigieron hacia él sobre el polvoriento suelo de la habitación. Una vez se encontraron junto a él los cinco jóvenes empezaron a preguntarle sobre el lugar en el que se encontraban.

—Buenas tardes señor, —dijo el más extrovertido de los chicos— ¿qué lugar es este?

El anciano, subiéndose las redondas gafas hacia los ojos, los observó detenidamente e hizo una mueca de sorpresa y de ilusión. Les indicó con una seña que le siguieran el paso y los jóvenes, muy curiosos e inteligentes, decidieron concederle el privilegio de que fuera él su mentor durante los minutos que pasaran por aquella habitación.

—Se trata de una biblioteca. —Les contestó el anciano— Ya hace mucho que la gente no frecuenta estos lugares. Recuerdo, sin embargo, que cuando tenía vuestra edad estas paredes llegaron a ser mi hogar y la fragancia de los libros era mi único perfume.

Continuaban paseando entre los estantes de aquella biblioteca. Los anaqueles que quedaban a ambos lados estaban colmados de libros y estos a su vez colmados de páginas escritas con un sinfín de letras. Uno de los chicos hizo ademán de querer aportar información a lo dicho por el anciano y en seguida se dispuso a hacerlo:

—Mi padre me habló de estos lugares, sí. De hecho, y aunque suene muy osado, me atrevería a decir que él también estuvo en una biblioteca.

—¡No como esta, lo garantizo! —profirió el anciano. — Esta biblioteca es inigualable, incluso incomparable con las demás.

Los chicos se miraron entre sí con cara de inexpresión e incertidumbre. Quisieron preguntarle el motivo de la singularidad de la biblioteca pero antes de que pudieran preguntar el anciano adelantó la explicación.

—Veréis chicos. Esta biblioteca contiene los secretos más enigmáticos de la humanidad. Los que ya se conocen y los que faltan por descubrir. Venid, seguid mi paso.

Los chicos siguieron al anciano y éste les enseñaba todo aquello que sabía acerca de aquella biblioteca. Ante todo procuró explicarles la infinitud de libros que podrían encontrar. Si daban con el libro adecuado, les explicaba, podían predecir el futuro e incluso conocer sus propios destinos. Añadido a esto último quiso hacer especial hincapié en el poderío del saber y del peligro que conllevaría el hecho de que algún hombre hallase los volúmenes que contuvieran los destinos de las personas.

—Por eso el arquitecto los escondió todos en esta biblioteca —les contaba el anciano.—Por este motivo los volúmenes están escondidos entre tantos otros fraudulentos. El destino escrito y mutable de cada uno está dividido en miles de volúmenes, y éstos divididos entre las infinitas salas que configuran esta biblioteca. Es un misterio, también escrito, pero incomprensible para el ojo humano.

Continuó la exposición aclarando que el primer salón era el más seguro de todos, que en él encontrarían la literatura de todos los siglos pasados y les confesó haber leído la gran parte de ellos, no obstante, les advirtió que a partir del tercer salón, fueran por donde fueran no sabrían volver al principio ya que cada salón hexagonal tenía hasta seis puertas que conducían hasta otros salones hexagonales de pisos superiores e inferiores. Les advirtió además que cuanto más creyesen ir por la senda correcta más se torcería el viaje de vuelta. Por último les informó del riesgo de leer los libros de aquella biblioteca ya que por cada libro auténtico había más de mil billones de billones de libros falsos y que la confusión podía acabar con su cordura. Los discípulos, muy desconcertados, se sorprendían por todo aquello que les contaba acerca del lugar.

—¡Así que no os perdáis chicos! ¡Sería fatal y no seríais los primeros que no encuentran la salida!

Todos los chicos miraron el techo y se dieron cuenta de la forma que tenía la habitación por los nervios de las vigas que se unían en una única clave hueca que había en el centro del salón. Aquella hueca clave mostraba la biblioteca del piso superior, y la de encima de aquel salón y justo enfrente podían ver la clave del piso inferior en el que había una barandilla para que nadie cayese accidentalmente.

—¿Cómo? —le dijo el más temeroso de los jóvenes.

El anciano sobrecogido por la inmensidad de la biblioteca les confesó que aquella biblioteca era el mismo universo, el ‘eterno’ en sí. Les indicó que únicamente el arquitecto de aquella obra conocía las dimensiones de la misma y que sólo una persona había alcanzado la salida después de haberse adentrado en el estómago del laberinto.

—¡Jorge Luis Borges! Todos los demás se han perdido en ella, y no son pocos. Dios nos da acceso a la sabiduría, incluso a los enigmas más indescifrables de la historia pasada y futura, pero todo bien conlleva un gran coste. Él nos contó cómo era esta biblioteca y el título que inventó para su escrito es el que da nombre a esta biblioteca, ‘La Biblioteca de Babel’. Con ello pretende darnos a entender como la obra de Dios es infinitamente superior a la obra humana haciendo alusión a aquella caída ‘Torre de Babel’.

El anciano miró hacia el techo y empezó a recordar los miles de personas que se habían adentrado en la biblioteca. Continuó paseando entre las estanterías y leyendo algunas de los incomprensibles inscripciones que se encontraban en los anaqueles. Habían accedido ya a uno de los seis segundos salones. Aquel joven extrovertido le seguía más de cerca meditando aquellas últimas palabras que les había contado el anciano cuando de pronto le sobresaltó una inquietud.

—Y díganos, ¿cómo consiguió salir de la biblioteca?

—¡Ah! ¡Qué pregunta más fascinante! —resaltó el maestro—. Borges era un fanático de la buena lectura, sin duda, y lo recuerdo muy bien. Cuando descubrió el lugar y quiso adentrarse en él se reconoció perdido a apenas unos hexágonos de aquí. ¿Y cómo salió? Me preguntáis. Algunos dicen que, como Hensel y Gretel fue dejando migas de pan. Otros dicen que, como Teseo, fue soltando hilo para después poder volver. Las teorías más alocadas aseguran que se dejó caer por la clave vacía de uno de los hexágonos y al final del infinito halló la salvación, pero son sólo engaños y falacias. ¡No habría suficiente hilo en el mundo para recorrer la biblioteca ni suficiente pan para desperdiciar! ¡Es absurdo! Y tampoco es posible recorrer una distancia infinita. La verdad que pocos saben es que cuando el joven insensato se encontró perdido y conoció su futura condena decidió ir en busca de un libro que incluso el mismo Dios debía haber incluido en el archivo. ¡Sorprendentemente dio con él! ¡Borges dio con los verdaderos planos de esta biblioteca!

Todos los chicos abrieron los ojos como muestra de admiración ante la ingeniosa mente de aquel incauto escritor. Continuaban caminando hacia ningún lado en concreto y habían llegado ya a leer títulos de libros con una sola letra, e incluso volúmenes completamente vacíos en letra y contenido. Los anaqueles continuaban completamente llenos y les pareció que aquella biblioteca era realmente una biblioteca infinita. Antes de que pudieran darse cuenta habían llegado de nuevo a la recepción guiados por aquel anciano que había sido su maestro, y antes de despedirse otro de los chico que había estado callado quiso preguntarle dónde se encontraba en aquel momento aquel escritor argentino.

—Logró aprenderse los planos de la biblioteca. Actualmente vaga por las estanterías de este universo en busca de un libro que responda a las preguntas más trascendentales del hombre. Tiene la esperanza de que en algún momento podrá comunicar a la humanidad el pensamiento de propio Dios, arquitecto de esta biblioteca.

Los chicos habían aprendido mucho sobre aquel lugar y volvían juntos hacia sus respectivos hogares. Comentaban la inmensidad de lo desconocido y los más atrevidos procuraban calcular el número de volúmenes que habría en aquella biblioteca. Uno de los muchachos se paró en seco y les exclamó que habían olvidado preguntar el nombre al anciano cuando el más astuto de ellos se dispuso a opinar de manera convencida que el que había sido su maestro por aquellos pasadizos era el propio Borges.

XAVIER ROCA TICÓ © ®

29 de junio del 2015

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2 Respuestas a “LA BIBLIOTECA DE BABEL

  1. Admiro la capacidad que tienes para describir con maestría las situaciones en las que se encuentran los personajes, y sus respectivas reacciones. El desenlace del relato me ha parecido sublime.

    PVF

    • Muchas gracias PVF! Me ha encantado leer el comentario y observar que hay gente que se fija en los pequeños detalles. Un muy fuerte abrazo. Me has alegrado la tarde.

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