TE PERDONO, MAMÁ

TE PERDONO, MAMÁ

Estimada mamá:

¡Debes estar pasando un mal momento! Me siento triste por lo mucho que debes estar sufriendo. Entre lágrimas debo confesarte que lo más seguro es que no volvamos a vernos, me han dicho que estás muy débil. De todas formas te he escrito este breve texto como mi mayor y única muestra de afecto hacia ti. Me hubiera gustado poder estar junto a ti en estos momentos tan delicados y poder dedicarme enteramente a ti. Me pregunto, en estos duros instantes, el motivo por el que nos es tan difícil vernos. ¿Es Dios el que no quiere que nos veamos jamás o es el orden cósmico que todo lo dispone el que no quiere?

¡Estoy triste, mamá! Recuerdo cuando decidiste, hace ya algún tiempo, que no querías saber nada de mi. Me dolió mucho escuchar cada palabra que salía de tu boca renegando de mi, pude escucharlo a través de la fina pared. Nada podía hacer yo para que, aquel hombre con el que apenas tenías confianza, no decidiera actuar en ti, bien lo sabes, era tan pequeño e inocente que apenas entendía lo que significaba tu marcha. La decisión era tuya, yo no podía hacer nada más que quererte como lo había hecho hasta entonces de manera tan bondadosa y con un corazón tan puro. Sólo podía agarrarme a tu voluntad.

¡Ojalá pudiéramos vernos! Me gustaría contarte tantas cosas… mis alegrías, mis preocupaciones, mis logros y un largísimo etcétera de infinitudes de cosas que no puedo contarte en estos momentos. Algún día podré hacerlo, estoy convencido, y seguro que estarás encantada de prestarme atención. Ahora sólo puedo imaginar tus tristes ojos en busca de una respuesta a tus plegarias. Sé que me quieres, todavía puedo ver tu corazón como palpita raudo y turbado y me dice que el temor y la soledad dominan tu mente.

¡Te perdono! Cuando sea mayor estoy seguro de que terminaré entendiendo tus problemas. He escuchado que, por lo visto, el trabajo ejerce en ti mucha presión y yo iba a impedir que avanzaras en tu carrera profesional. No puedo negar, sin embargo, que he echado en falta muchos besos tuyos, muchos abrazos y sonrisas mamá. Quizás no contigo, pero algún día creceré y cuando eso ocurra seguro que, cuando me lo expliquen bien, te perdonaré. Ni siquiera he nacido y ya sé que una madre siempre quiere lo mejor para su hijo, por eso te perdono, porque sé que me quieres.

¡Mamá, quiero estar contigo! Por eso, allí donde voy le diré al Jefe que te llame pronto para venir conmigo. Le diré también que cuando llegues me lo haga saber y de esta manera podré darte aquel beso, ¡tan grande! que nunca pudimos darnos; y qué me dices de ese abrazo tan tierno que todo el mundo quiere al ver a su madre; ¿y de esa sonrisa tan única? Estoy impaciente de que llegue ese momento, aunque por ahora esperaré. Hasta entonces guárdame en tu corazón del mismo modo que lo hago yo.

El hijo que te quiere,

11 de mayo del 2015

Xavier Roca Ticó

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